Llevo el alma perfumada de tu abrazo,
del cálido beso
que anuncia tu boca,
del ágata blanco que ensalza tu pureza
y el hondo galope de tu corazón.
Me adiestro en tus pétalos
conforme a tus manos,
y extiendo en el lienzo de amor nuestros nombres
con lirios, jacintos y rosas abiertas,
con lirios, jacintos y rosas abiertas,
y escapan abriles detrás del amor.
Son tantos caminos que guardan tus labios,
que el paso desnudo
que esconden mis manos,
rebrotan floridos en tu cuerpo de ensueño,
y trepan mis dedos temblorosos por ti;
cual yedra que trepa los muros del alma,
y en altos rincones envuelve el suspiro,
te envuelve mi lengua
de cantos nocturnos,
y entiendo el silencio del húmedo cielo
que aguarda en secreto tu boca oriental.
El tañer del rocío
de la fuente castalia
(Campanas del alma
que suenan y suenan)
hacen del verso un arma bruñida
que empuño en las sombras del árbol de vida
y ahuyento la noche de negros harapos
tan solo por verte brillar en mis ojos.
Te llevo en el alma
con níveos encantos,
con verbos que adulan
tu entrega al amar,
y a todo lugar que llevo el suspiro
con níveos encantos,
con verbos que adulan
tu entrega al amar,
y a todo lugar que llevo el suspiro
(La magia del beso)
está nuestro amor...
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