Cuando escucho tu nombre
la ansiedad me recorre enloquecida;
se alborota en mi sangre
el enjambre del alma.
Cuando siento tu aroma
enredado en el viento de mayo
se tuercen los inviernos
a blancos veranos,
se rompen las redes
se escapan los versos
y de golpe, nace la flor.
Cuando escucho tu voz
trinar por los densos jardines,
un remanso deja huella en la arena de mi pecho,
y sin quererlo el pensamiento se perfuma de ti.
Cuando tus ojos me miran
se escapa una aurora encendida
Y traspasa lo insondable del alma
hasta inundar
con su relámpago mi corazón.
Cuando tu boca se funde en la mía
se entorpece mi poesía,
los versos se enmudecen,
se embelesa mi inspiración.
Cuando te entregas a mis caricias,
me invade tu naturaleza,
me embriago de tu cuerpo,
y desciende como un aguacero
las glorias engarzadas de tu desnudez.
Pero cuando tú no estás,
ojos de miel,
cielo envolvente,
cascabel de mis latidos;
simplemente
yo,