El día con sus hados me inspiraba,
la tarde con sus bronces se lucía,
la noche entre luceros se extendía
y ella como una esfinge me miraba.
De mi fuente castalia despertaba
una ninfa desnuda que escondía
los versos de mi pluma y mi poesía*,
en su lírica gruta que aguardaba.
Mi psiquis se entregaba y perseguía
el cántico envolvente que entonaba.
estaba embelesado y no podía
contener aquel fauno que encerraba,
mas sus labios de diosa consumía
mi vida por los versos que buscaba.
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