lunes, 12 de diciembre de 2011

desvelo forzado

La recién nacida noche con sus sombras envolventes, irreversibles, devoran los más recatados espacios luminosos, que apenas sobreviven trémulos a la fuerza incontenible que se propaga como el cicuta en las venas.
Las calles vacías, el cielo de jardines constelados, orgullosamente negro, el monótono cántico del silencio, el género humano sumergido por la noche bajo la misma lengua de Morfeo, con sus frescos racimos y miembros apacibles, que incitan al cansancio a despojarse entre sus brazos, a rendirse ante su victorioso asecho.
Mis párpados débiles, desgastados , inútiles, apenas logran sostenerse en pie ante un pequeño rayo artificial de una luz que atraviesa entre la penumbra que la delgada cortina no retiene y sube con sus hilos brillantes a la pared que perpetuamente está frente a mi dormitar.
Ya es hora y la hora es, de librarse temporalmente del fatigado pensamiento laborioso, del afán consecuente que cada día levanta con sus manos, ya es hora de olvidar por un momento que la deuda existe, que los pagos pendientes no duermen y que la noche es tan limitada como la lluvia en verano; la atmósfera es propicia y aún la noche con sus ropajes somñolientos se dispone con los pueblos a inclinarse sobre sus cabeceras.
Es ahí donde me pierdo, me pierdo y no me encuentro, estoy soñando brevemente pues tengo el mismo derecho que mi callado entorno. Yo solo busco la paz y la quietud de mi mente , busco el equilibrio de mi razonamiento al margen de la especulación del pensamiento humano, el cual me obliga y me embarga de inquietudes confusas e irremediables, pues aún así, mi raro intelecto departe entre cuatro paredes con la almohada que sostiene los últimos pensamientos sobrios del día ; por eso el mejor momento para desarroparme de tales enigmas es dejando caer mis párpados cansados con el rutinario sueño que suscito cada noche.
Sin embargo, la ociocidad no descansa. Y surge de forma paradójica, una aislada, fingida y hasta disimulada risa burlona, la cual se mezcla sin reparo con una conversación vulgar que  irrespetuosa trepa y rebusca los cajones profundos de mis sueños.
A mi oído se encasillan sus disputas incoherentes e ilógicas, el ruido de este grupo congregado de desorientadas ideologías y burdas expresiones, se enredan por las paredes externas de mi casa, hasta adentrarse a casi todos sus recintos y aposentos.
He despertado una vez más con un desmedido coraje, buscando la forma de evadir esa conversación tan ajena y tan impropia que un grupo de desconocidos sostiene.
He pensando hasta la forma más inverosímil de arrancarle las raíces a este bullicio innecesario y absurdo. He convenido conmigo mismo en hervir una olla con todo mi rencor y lanzarla por la ventana; también he pensando en salir con un fiero cuchillo que guardo en el amplio gabetero de la estrecha cocina, quizá y a tientas salga a cortar la lengua de todos ésos ociosos, imberbes y seguramente desempleados, no lo sé.
Mi frente angustiada pone en evidencia el sentir de una incomodidad involuntaria.
Luego de fraguar todo un plan para erradicar este mal, sigo dando vueltas en esta cama que parece que ha tomado la forma de mi cuerpo.
El tiempo no avanza y mi cordura es llevada a los limites y mi cerebro parece que va a estallar por tratar de asimilar esa risita solitaria, burlona e ilógica, de esa conversación insensata de cigarros y canciones, de zapatos y más cigarros.
La desesperación me toma con sus manos, y parece asfixiar la paciencia perdida;
justo en el momento que la frustración me sacó de mi cálida cama, ya cuando emprendía de pensamiento y de hecho mi enojado viaje a la cocina en busca de alguna herramienta de las supuestas soluciones pensadas, pasa lo que con tanto afán buscaba: se han ido los muchachos, desde el más ingenuo hasta el más inepto, y me da la señal de la tranquilidad que tanto he buscado y que ha robado con violencia la armonía y el balance perfecto que había conjugado con esmero hacía quizás un par de horas, no lo sé.

En medio de esa quietud y ese silencio tan soberano y tan noble, trato de alinear mi mente y mi corazón a la dirección que me aliente a encontrar nuevamente los caminos que provisten los sueños más extraños que mi subconsciente fábrica como consecuencia a la imaginación alentada por los libros, que de una u otra manera, no dejan de mostrar sus enseñanzas y aportes aún cuando estoy aislado de la realidad.
Creo haber encontrado el puente que me lleva nuevamente a soñar. Me encauso a través de suaves respiraciones e imágenes tenues y poco a poco me adentro a otro universo de pensamientos manipulados por la inercia, y nuevamente aquella conexión cerebro- sistema nervioso, se unen.
Sin embargo (y como no siempre todos los finales son felices) se prorrumpe el silencio por el llanto desatado de mi hijo de tan solo un año de edad que corta como con un cuchillo el sueño que tanto costo encontrar, no cabe duda que cuando el ser humano está lleno de desgaste físico y deseoso de tratar de reponer un poco sus fuerzas para hacerle frente a un nuevo día que no ha nacido, siempre habrá algo que lo impida, sea un grupo de retrasados sin obligaciones o en el peor de los casos un pequeño pero ruidoso bebé que despierta ansioso para ser arrullado por un papá, desesperado, cansando y lo menos importante: con sueño.
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