En esta superficie sólida y gris:
bosque de concreto,
ambiente opaco,
humo espeso que respira el aire de mis adentros,
salta impenetrable el llanto de los ríos
sepultado de industrias.
Y envuelto en un aire de esperanza
viene entrañable a mi oído:
el llamado de la sierra,
la voz de las montañas,
la lengua elevada del bosque,
las señales tangibles de los montes.
Porque quiero ser campesino
y romper las cadenas de las obligaciones sistemáticas urbanas,
quiero huir en las alas del viento,
quiero labrar la tierra,
escribir en las hojas de los árboles
en los pétalos de las flores,
volar con los trinos,
extenderme en los campos,
florecer en las laderas,
perfumarme a trópico cálido,
llover sobre el ganado,
cultivar mis versos,
humedecer las orquídeas con mi melancolía,
ser obediente a la naturaleza,
saltar en las copas de los árboles,
anidar en los laureles,
poder ser el recipiente de las madrugadas,
verter el rocío en las mañanas,
despedir el día con los ruiseñores,
beberme el crepúsculo bajo los aleros artesanados de ciprés,
dormir en la esencia nocturna del campo,
ante el húmedo sonido de las distancias inseparables,
saltar con las ranas los lagos poéticos,
y entre luciérnagas pincelar
una pequeña constelación de insectos,
repartir la pureza del aire en mis venas ,
escuchar el viento moverse libre
sin aposentos
en su propio entorno,
¡Ah la vida en el campo!
De un solo suspiro atravieso cordilleras
y encadeno neblinas
llego a los confines verdes del bosque
hasta volver a iniciar el día,
y abrir las ventanas de madera,
en esta casa
que parece estar abandonada en el campo.
que parece habitar mi corazón.
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