jueves, 9 de febrero de 2012



Divina morena sonrisa de plata,
mi incendio devora tu imagen y piel,
quisiera beberme el vino escarlata 
que guardan tus labios en atrios de miel.

Volátil perfume que engarza tu pecho 
y engasta mis ojos a tu alma oriental,
mi psiquis se entrega cautiva a tu asecho 
con alas delgadas y un beso mortal.

La reina de Saba del sur ascendía 
con bienes y nardos que dio a Salomón;
tu encanto morena es más que Etiopía 
es más que la gloria de toda nación.

Enigma profuso difunden tus ojos,
profundos luceros que inician sin fin
absorto a tus sombras efluvio en manojos 
me extiendo morena al sacro jardín.

Agitas con gracia tu pelo sombrío 
como una cascada que escurre en tu cuello,
y pruebas si acérrimo y firme porfío 
al suave perfume que da tu cabello.

Las urnas del día aguardan tu aurora 
y el grácil preludio que das al reír 
con canto sublime con luz que enamora 
y elevas la dicha de nuevo a surgir.

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