Divina morena sonrisa de plata,
mi incendio devora tu imagen y piel,
quisiera beberme el vino escarlata
que guardan tus labios en atrios de miel.
Volátil perfume que engarza tu pecho
y engasta mis ojos a tu alma oriental,
mi psiquis se entrega cautiva a tu asecho
con alas delgadas y un beso mortal.
La reina de Saba del sur ascendía
con bienes y nardos que dio a Salomón;
tu encanto morena es más que Etiopía
es más que la gloria de toda nación.
Enigma profuso difunden tus ojos,
profundos luceros que inician sin fin
absorto a tus sombras efluvio en manojos
me extiendo morena al sacro jardín.
Agitas con gracia tu pelo sombrío
como una cascada que escurre en tu cuello,
y pruebas si acérrimo y firme porfío
al suave perfume que da tu cabello.
Las urnas del día aguardan tu aurora
y el grácil preludio que das al reír
con canto sublime con luz que enamora
y elevas la dicha de nuevo a surgir.
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